A medida que me voy aproximando el misterio se hace mas grande. Hace doce horas que conduzco por la Carretera Austral, antigua Augusto Pinochet (http://es.wikipedia.org/wiki/Carretera_Austral), y no ha parado de llover. Por casualidad decido tomar el ferry de Chaitén a Chiloé. Más tarde me enteraré que no hay otra posibilidad para llegar a Puerto Mont. A lo largo del camino fui escuchando distintas versiones sobre Chaitén, y la existencia del ferry. Que si el pueblo está cerrado, que si la línea no opera. Nadie sabe a ciencia exacta que pasa allí y eso me intriga. 
Pocos kilómetros antes de llegar, empiezo a ver coches abandonados en la cuneta. Las calles desiertas y en muy mal estado. Sigue lloviendo a cántaros. Mas tarde me entero de todo. Me entero de que el 2 de mayo del pasado año, el volcán Chaitén cercano al pueblo del mismo nombre empezó a escupir lava y ceniza. Me entero que doce días mas tarde, ya evacuado el pueblo, el rió se desbordó llevándose por delante casas, enseres, barcos por delante casas, enseres, barcos y coches. Y me entero de que los habitantes de Chaitén siguen empeñados en volver a sus casas, a su pueblo mientras que el gobierno pretende trasladarlos a todos a otras localidades y cerrar Chaitén. Pero de todo eso me entero mas tarde, ya en la pensión, cuando las hermanas Rita y Marieta, activistas de pro, me cuentan su historia.

“Sólo nos queda la bandera, es lo único que no nos pueden quitar” – me comentan – “Nos han cortado el agua y la luz, pero no nos echarán de nuestras casas, antes la muerte”. Una ley chilena impide desalojar a alguien de su casa cuando tiene izada la bandera nacional. Ese es el motivo de que haya tantas en el pueblo. Cada bandera es una familia que quiere vivir en el pueblo. “La semana pasada cortamos la rotonda e impedimos que los autos subieran al ferry. Durante siete horas todo estuvo parado. Finalmente enviaron a los carabineros, seis por cada uno de nosotros. Ahí no pudimos hacer nada”. “Pero lo que mas les dolió (a las autoridades) fue que saliéramos en la prensa con banderas argentinas, eso les dolió.” En el Mercurio, uno de los periódicos de más tirada en Chile, aparecen con las banderas.
Me duermo pensando en todo lo que me han contado pero también en el volcán, todavía activo, todavía en alerta roja. No siento ningún temblor en toda la noche pero estoy intranquilo, todavía no he podido verle.
Por la mañana voy a la naviera. Me confirma que el barco está lleno y que no puedo irme hasta la mañana siguiente. Al principia me contraría, después lo veo como una oportunidad. Paseo por las calles del pueblo, ya de día, mientras sigue lloviendo como nunca he visto llover. 
Una señora ofrece desayunos y empanadas en lo que antiguamente fue una librería. Es prácticamente la única oportunidad para desayunar y no la desaprovecho. El marido, pescador de oficio, me sigue ampliando la historia. El ha perdido casa y barca. Todo lo que tenía después de muchos años de trabajo. Me lo cuenta con la mirada perdida en el mar color ceniza que se ve desde la ventana. Hasta no hace mucho un mar azul llegaba hasta la costanera que ahora esta llena de barro y restos del desastre.
Y es que el verdadero problema en Chaitén no fue el volcán sino el río que fue acumulando ceniza hasta que se desbordó. Pasaron varios días sin que las autoridades o el ejército hicieran algo para impedirlo. “Este gobierno no nos quiere, no nos ayuda” – continúa Rita. Ahora estoy en el río junto a ellas de nuevo. Hemos ido a ver el pueblo y sacar fotos. Temen que el rio vuelva a desbordarse.

Entre las teorías que barajan los habitantes de Chaitén para explicar la actitud de gobierno está desde la existencia de oro y brillantes en la zona hasta la construcción de un hidroeléctrica pasando por los intereses particulares de Douglas Tompkins un americano que ha comprado casi toda la región. La versión oficial es que se desmantela el pueblo por razones de seguridad puesto que el volcán sigue activo.
Por la tarde, junto a la estufa y unos amigos chilenos del norte, comentamos la historia intentando hacernos con ella. Para ellos también era desconocida en gran medida. Quizás eso sea lo que mas llama la atención. El secretismo que rodea Chaitén para el resto del país.
Desconozco la realidad de los hechos, si la razón está del lado de los vecinos o del lado del gobierno, pero me ha llamado la atención su historia y quería que la conocierais.
http://es.wikipedia.org/wiki/Chait%C3%A9n
http://diario.elmercurio.com/2009/02/23/nacional/_portada/noticias/13BA57A3-B0E1-41F3-93B3-18728C2A8FAA.htm?id=%7b13BA57A3-B0E1-41F3-93B3-18728C2A8FAA%7d
Nota: Recién llegado a Santiago y varios días después de salir de Chaitén conecto la CNN y me entero de que el volcán ha vuelto a tener actividad y que se ha reavivado el tema. Chaitén vuelve a estar de actualidad.


Ahora todo está saltando por los aires, mi maleta, los botones de la radio, las manivelas de las ventanillas… Algo choca contra el parabrisas. Es el faro izquierdo. Vuelvo a mirar la gasolina, no tengo. Me voy a quedar en mitad de estas montañas inhóspitas. La maldita frontera no aparece. Sólo veo oscuridad. Noto unos tironcitos y pienso que ya está, que la he cagado, pero es solo una falsa alarma. Atravieso unos barrancos que apenas vislumbro. No hay sitio para el coche pero los paso sin saber como. Estoy nervioso y tenso. Me duele la cabeza y no aparece nada.
Por fin me encuentro con la Carretera Austral, (

Decido hacer noche en mitad de la nada. Meto el Falcon por una loma hasta que encuentro un lugar mas resguardado (S 49º 24.733 W 71º 29.671). Preparo el asiento de atrás, la manta, los libros, y el cuaderno de viajes. Me tumbo y miro el cielo por la ventanilla. Está negro. Y hace viento, un viento de 80 Kms. por hora que mece el coche como si fuera una cuna. Dejo a un lado “El país del viento” y comienzo “La aventura de un fotógrafo en La Plata”. Cambio a Susana Iparraguirre por Bioy Casares. Me fumo un puro. El puro de la Patagonia. 


Es fácil hacer amigos en Porvenir. Al poco ya me han invitado a una cerveza. Correspondo yo pagando otra ronda siguiendo el código no establecido. Vaneska sirve mientras Orlando me cuenta su vida. De otra parte de Chile, como casi todos los que luego conocería, vino al pueblo fundamentalmente por trabajo. Aquí no falta y a ello contribuyen las facilidades dadas por el gobierno para el establecimiento de empresas, exención de impuestos, etc…



Una orquesta de mariachis cantan para terminar con la ceremonia. Mis amigas siguen bailando hasta que cojo el ferry que me llevará al continente. Desde la cubierta del barco veo a las toninas (delfines) que siguen el barco a modo de despedida.
Esa noche, ya en Punta Arenas, aburrido y solitario me meto en un pub de mala muerte. Nadie se fija en mi, ni me dirige la palabra. Echo de menos Porvenir.





De madrugada y a modo de despedida subimos a un mirador para apreciar la ciudad iluminada. Creo que no podía haber tenido mejor día de cumpleaños.




